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ENFRENTAMIENTOS ARMADOS MADE IN SPAIN

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1 ENFRENTAMIENTOS ARMADOS MADE IN SPAIN el Mar Nov 03, 2009 11:31 am

Juanito

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ADMINISTRADOR
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Ernesto Pérez Vera
Instructor de Tiro Policial y Defensivo

Los que siguen mis artículos y sobretodo los que trabajan conmigo saben que, el enfrentamiento armado y aquello que lo circunda es, para mí, una prioridad que hay que analizar y estudiar. En casi todos los artículos que hasta la fecha, con mi firma, se han publicado en medios de prensa profesionales, se ha abordado este tema.

Tanto en mis trabajos escritos como en mis clases, cursos o incluso disertaciones, suelo sacar, a colación, casos reales de encuentros armados ocurridos en España, tratando siempre que sean casos cercanos en el tiempo. Considero que es muy importante que el funcionario policial vea el enfrentamiento armado como algo posible y cercano a él, no como algo poco probable y lejano, como hasta la fecha se viene casi inculcando, “a fuego”, en algunas Academias.

En otros casos, y créanme, lo he vivido, ciertos instructores, directamente, dicen a sus alumnos/compañeros que, lo mejor que hay para NO tener un encuentro armado es, eludir el compromiso, esto es, “ser un paga muerta”, como decimos en mi zona. Esos mismos profesores de tiro, iletrados, demuestran su incompetencia al acreditar su desconocimiento sobre la mayor de la verdad, conocida, en estos temas, esta es: que solo el malo decide como y cuando se va a iniciar el ataque, y nunca avisa de ello.

Cuando un “malo” toma la decisión de atacar letalmente, NO lo hará, necesariamente, contra un agente comprometido contra el delito, sino que lo hará contra todo aquel que vista el uniforme y que se encuentre a su paso, aunque sea un encuentro por casualidad.

“…España NO es Estados Unidos…”, eso me dicen muchos para evitar tener que entrenar tiro policial realista. Esos mimos dicen que la calle está mal, pero también sostienen que tampoco lo está tanto como para tener que entrenar “como en las películas”. Esas manifestaciones las realizan convencidos de que su entrenamiento de tiro deportivo y de diversión les será suficientemente útil. Por que no se engañen, la mayoría de programas de entrenamiento de las FYCS no son más que ejercicios seudo deportivos, si bien algunos son divertidos, como es el caso de los recorridos.

Cuando además del entrenamiento, se les habla de adecuar la mentalidad a la realidad de la dinámica de un encuentro armado, la cosa se pone peor, directamente dicen que ellos podrán con casi cualquier cosa que se les presente. Esto lo dicen sin saber, no solo, usar adecuadamente el arma, sino que, muchos, no saben ni como funcionan sus mecanismos.

Cuando no, te dicen esto otro: “…con trece balas que llevo y con los tiritos que a veces pego en la finca de mi cuñado, no tendré problemas para defenderme de cualquier ataque, por que además, no suelo fallar disparando, a las botellas vacías…”. Para muchos, esos son sus únicos ejercicios de entrenamiento en tiro.

Muchos agentes policiales, por desgracia, siguen creyendo que con trece o quince cartuchos en el cargador, tendrán bastante para salir vivos de todo encuentro armado. Se niegan a creer que los enfrentamientos armados se producen cuando menos son esperados, y además, de modos y en circunstancias que jamás pudieron imaginar. Seguramente nadie les ha hecho pensar y meditar sobre estos temas.

Otros, directamente, te dicen que llevan un arma de tal o cual marca, y además, por ejemplo, con linterna incorporada, obteniendo de ese conjunto, toda la confianza del mundo y el convencimiento de que son “invencibles”. Pero a algunos de esos mismos agentes, les suelo preguntar sobre sus entrenamientos, siendo la mejor de las repuestas que: hace un año, en una finca, con unos colegas, no falló ningún tiro a los trocos de unos árboles. Siendo esa, su mayor, nivel de entrenamiento, cuando no, el único.

Señores, no confíen exclusivamente en el arma, sea un arma muy buena o sea otro arma mejor aún. No confíen, exclusivamente, en que sus armas llevan trece o quince cartuchos en el cargador. Lo más importante de todo es saber actuar, saber manejar el arma y saber sacar el máximo partido de ella. Pero sobretodo, lo que más inclinará la balanza en el enfrentamiento, será la actitud ante el ataque, esto es: querer vivir y oponerse, al agresor resueltamente rezumando, “por las orejas”, instinto animal de supervivencia.

Conozco a policías que confían en que llegado el caso, sus maravillosas armas, aún habiendo entrenando poco o nada, les harán salir airoso del trance. Ojalá descubran sus errores en los entrenamientos, en otros sitio sería un descubrimiento tardío y sangrante.

Un método muy pedagógico, al menos para mí, es el empleo de ejemplos reales. Como ya comenté al inicio de este artículo, en los trabajos que precedieron a este, ya usé, muy resumidamente, casos reales cercanos en el tiempo. Hoy también expongo casos “frescos”, otros no tan frescos, pero desde luego, todos fueron sonados y ocurridos en la década que vivimos.

De la lectura y entendimiento de los tristes ejemplos que seguidamente voy a usar, podemos sacar conclusiones. Sobre todo veremos que, a todos nosotros cuando menos lo esperemos, y a veces incluso esperándolo, nos puede acechar un criminal que ha resuelto, en su mente, asesinar a quien se ponga en su camino.

El 20 de septiembre de 2000, en Barcelona, un agente de la Policía Local, -Guardia Urbana en Cataluña- resultó muerto por dos disparos del calibre 9 m/m Parabellum, impactando uno de ellos en la cabeza y el otro en el vientre.

El Guardia Urbano estaba destinado a misiones de regulación de tráfico rodado en la Diagonal -importante vía de la ciudad-. Tras detectar la presencia de un vehículo, aparentemente, averiado, que estaba siendo empujado, en la calzada, por dos hombres, el agente trató de ayudar a quitar el coche del lugar. Una vez estuvo cerca del vehículo, el agente recibió los dos disparos.

Los dos criminales huyeron del lugar. Posteriormente se pudo averiguar que se trababa de dos asesinos de la banda eta, los cuales tenían el cometido de colocar un coche bomba en la ciudad.

Como pueden ver, algo tan sencillo y cotidiano como ayudar a un ciudadano que tiene el coche averiado, se puede convertir en una “emboscada”. En este caso, NO fue un acto criminal deliberado, sino que se produjo un encuentro casual entre el “bueno” y los “malos”. En este caso, como siempre, los “malos”, no quería ser descubiertos. No olviden algo: los malos son los que deciden donde, como y cuando se va a producir el enfrentamiento.

Al Guardia Urbano no le dio tiempo de repeler el ataque, y es lógico, él solo se acercó a unos ciudadanos para ayudarlos, como hacemos todos, mil veces al año, en idénticas circunstancias. ¡Lo ven, cuando menos lo esperamos…se produce lo inesperado!

El 12 de agosto de 2002, falleció un Inspector del C.N.P. en Madrid. El agente fallecido estaba acompañado de otros tres agentes del mismo cuerpo y trataban de identificar, para posteriormente detener, a un ciudadano colombiano de 39 años que se hallaba implicado en la muerte de otro sudamericano.

Los funcionarios del dispositivo eran de la Brigada Provincial de Homicidios. Todos los agentes intervinientes resultaron heridos por los disparos del colombiano. El encuentro se produjo en el portal de un edificio, en el cual, los agentes le esperaban ocultos. Solo uno de los agentes del dispositivo fue capaz de hacer fuego efectivo y herir de un disparo en el abdomen al criminal colombiano, pero también este agente resultó herido en la refriega.

Este triste episodio es curioso. Aún estando los agentes en situación de superioridad numérica y contando con el importante factor de la sorpresa, la cosa salió mal. ¿Que pudo fallar aquí? Se supone que los agentes estaban armados y al acecho del malhechor, quizás podamos denominar a la situación, como de emboscada. Aún así, todo salió mal.

Me pregunto si algún agente portaba chaleco balístico. La lógica me dice que, si se monta una operación para detener a un homicida, tendiéndole una emboscada, deberían ir no solo 4 ó 5 funcionarios, sino que además, deberían ir especialmente armados y protegidos.

El 17 de diciembre de 2002, en Collado Villalba (Madrid) dos agentes de la Guardia Civil fueron recibidos con fuego de pistola, al tratar de identificar a los ocupantes de un vehículo turismo que estaba estacionado en el arcén de la carretera de La Coruña, en dirección Madrid.
Uno de los agentes, de 27 años de edad, falleció tras recibir dos impactos, del calibre 9 m/m Parabellum, mientras se aproximaba al vehículo. Este agente, consiguió abrir fuego de réplica con su arma, alcanzado a uno de los dos ocupantes del vehículo, los cuales resultaron ser asesinos de la banda eta. El otro agente fue alcanzado por el fuego, pero resultando con heridas leves.

El asesino herido fue detenido en el lugar de los hechos, el otro, huyó en otro coche robado, si bien, horas después y en Vascongadas, fue también detenido.

Aquí, como en otros casos, se produce el encuentro armado en una situación de, aparente, poco o nulo riesgo. En este caso, una identificación a ciudadanos que previamente no habían dado muestras de sospechas, acabó funestamente. Por ello, siempre digo lo mismo: no se confíen, por muy rutinaria que parezca una actuación, piensen siempre que se puede convertir en un fiasco, por ello, tomen toda actuación como de potencial riesgo.

El día 1 de marzo de 2003 un agente de P.L. de Marbella, (Málaga) resultó herido grave al recibir en su torso un impacto de bala. Los hechos se produjeron cuando el agente, que patrullaba solo, trató de identificar a dos sujetos que conducían un vehículo sustraído. El agente sospechó que los ocupantes del vehículo pudieran haber participado, minutos antes, en un tiroteo.

Uno de los delincuentes resultó herido pero de menos gravedad que el agente, en cualquier caso no fue detenido. Los delincuentes portaban chalecos antibalas, pero este extremo se supo, cuando días después, fueron hallados en un vertedero con varios impactos. Se contabilizaron hasta 30 vainas en la escena del suceso. Se da la circunstancia de que el agente herido es el Instructor de Tiro de la P.L. de Marbella y ya ha tenido dos enfrentamientos similares. El impactó que alcanzó al agente salió, según el propio funcionario, de un revólver.

En este caso, el agente herido no portaba chaleco de protección balística, si bien, es sabido que este funcionario lo portaba con asiduidad en esas fechas, pero ese día…lo dejó en la taquilla. Según parece, el agente, aún estando herido, vació sobre los delincuentes los dos cargadores que portaba en su Walter P99 de 9m/m Parabellum.

El agente, en mi opinión, lo hizo bien, cumplió la primera premisa: llegó vivo a casa, eso sí, gravemente herido. Además, impactó a sus atacantes, cosa complicada cuando la “diana” se mueve y dispara, -ya no es de cartón de la galería de tiro- lo triste es que los malhechores iban protegidos contra las balas.

El 29 de diciembre de 2004 dos agentes del C.N.P. de la Unidad de Motos se adentraron en un edificio de la barriada de las Tres Mil Viviendas de la ciudad de Sevilla. En el bloque de viviendas se trapicheaba con pequeñas dosis de droga y los agentes, una vez dentro del bloque, llamaron a una puerta que se hallaba abierta y donde sabían que, a veces, se vendían papelinas de cocaína y heroína.

Los agentes iban solos, sin más apoyo, y se disponían a realizar un servicio que, para cualquier agente comprometido sería rutinario y habitual. Una vez los moradores de la vivienda advirtieron la presencia policial, en la puerta de la casa, sin mediar palabras abrieron fuego con escopetas de caza. Los agentes repelieron el fuego con sus armas cortas de dotación.

El resultado final del encuentro armado derivó en: la muerte uno de los traficantes. Otros tres delincuentes resultaron heridos. Los agentes resultaron también con heridas, uno de ellos por golpes severos en la cabeza, con barra de acero, y el otro por disparos de escopeta en las piernas.

En esta ocasión, nuevamente los Policías cumplieron con la primera de sus misiones: llegar vivos a casa con sus familias. Para mayor suerte, supieron y pudieron usar sus armas de modo eficaz y proporcionado.

Este caso hace pensar que los agentes, en sus mentes, podrían tener muy presentes que en cualquier momento se podría iniciar un enfrentamiento, toda vez que se adentraron en una barriada y un edificio en el que les constaba que el delito flotaba por las esquinas. De todos modos, este mismo tipo de enfrentamientos se pueden presentar incluso cuando un agente acude a una vivienda “normal” para, por ejemplo, entregar una citación o mediar en una disputa familiar.

A colación de lo último que he dicho en el párrafo anterior, quiero reseñar un caso reciente que he conocido. Unos agentes acudieron a una vivienda para comunicar una resolución administrativa referida a la tutela de un menor, cuando los moradores de la vivienda atendieron a los agentes, con la puerta entreabierta, desde ahí, los funcionaros advirtieron sobre una mesa de la casa, cierta cantidad de drogas y varias armas cortas.

Finalmente se detuvo a los que allí se encontraban, y se retiraron, de la “circulación”, varias pistolas Glock, algún revólver y una importante cantidad de cocaína. En esta ocasión la cosa salió bien desde el principio, pero siendo una casa “normal” y nada sospechosa, en ella había más peligro que en otras de peor aspecto.

El 6 de abril de 2006 un agente de la G.C. destinado en la Comandancia de Segovia resultó gravemente herido por arma de fuego durante la realización de una identificación a los ocupantes de un vehículo. Los autores de los disparos resultaron ser delincuentes habituales que huyeron del lugar en vehículo.

Pese que la prensa habló, desde el principio, de que el incidente se produjo en un Dispositivo Estático de Control al Tráfico, parece que es más cierto que el hecho fue más sencillo, o al menos más cotidiano. Todo fue, como tantas veces, al acercarse los agentes a un vehículo sospecho para identificar a sus ocupantes.

Parece una constante, de hecho casi lo es: la inmensa mayoría de tiroteos se producen a distancias muy cortas, entre los 0 metros y los 3 metros. Esa es la distancia típica y lógica que mantiene un Policía durante un cacheo o identificación de una persona, o sea, la distancia del: “…¡hola ¿me deja su documentación por favor?...!

Mi consejo es que, siempre piensen en lo impensable, si llevan eso en la mente, tendrán “los deberes” casi realizados. Así pues, si en algo tan cotidiano como una identificación, se produce un ataque letal, su mente dará con mayor velocidad las órdenes al resto del cuerpo, o sea, tendrán previstas respuestas de defensa.

El 29 de mayo de 2006 en la ciudad madrileña de Parla, un agente de la P.L. de Getafe que se hallaba franco de servicio, fue víctima de un robo con violencia e intimidación a la salida de un banco, en el que acababa de realizar gestiones particulares.

El funcionario fue agarrado por el cuello y derribado. Los asaltantes fueron tres personas que con armas punzantes le hirieron varias veces mientras golpeaban su cabeza en el suelo. Uno de los atracadores, de gran corpulencia y capacidad física, le provocó lesiones graves en la columna vertebral, teniendo, por ello, que ser quirúrgicamente intervenido. Por suerte este agente iba armado con una pistola personal, -no de dotación reglamentaria- y cuando tuvo ocasión y aún estando herido de gravedad, consiguió impactar, con su arma, a dos de los asaltantes.

Uno de los delincuentes falleció prácticamente en el acto por las lesiones producidas por un disparo en la cabeza. Otro de los atracadores recibió un impacto en el hombro, aún así, consiguió huir del lugar, y el tercero también se fugó, pero ileso. Se da la circunstancia de que este agente es Instructor de Tiro Policial Reactivo, y además con cierto nivel de maestría. Nuevamente, estamos ante otro agente que cumplió eficazmente la misión: llegó vivo a casa, eso sí, previo pasó por el hospital, pero “tocó” a su enemigo.

Portaba una pistola marca Glock del calibre .40 SW, y como era de suponer en un profesional con nivel de maestría, con cartucho en recámara. Por cierto, también portaba munición de Punta Hueca de la marca Fiocchi. Justo dos años después, se celebró el juicio por estos hechos y como era de esperar, cuando las cosas se hacen bien, el agente NO ha recibido reproche judicial alguno, es más, la fiscalía jamás lo acusó, sino que fue la acusación particular quien trató, SÍN ÉXITO, de conseguir una condena para el agente. Por otra parte, los dos acusados han sido condenados a penas de prisión.

El 10 de febrero de 2008 un agente de la P.L. de Granada fue herido por arma de fuego durante la identificación del conductor de un vehículo que iba a ser denunciado administrativamente por conducción negligente.

El disparo alojó un proyectil del calibre .22 L.R. cerca de la base del pene del agente. Parece que el disparo se produjo desde un edificio próximo al lugar donde el agente realizaba la identificación.

Otra vez la constante, pero esta vez en otra “versión”. Aunque se encontraba a distancia “de brazo” del sujeto objeto de la identificación, el disparo le alcanzó, según todos los indicios, desde mayor distancia y por persona ajena a la intervención policial del momento.

No obstante, tenemos otra circunstancia común en casi todos los casos: la cosa se pone fea cuando menos lo imaginamos, el ataque nos suele sorprender. En este caso, el ataque se produce desde un lugar distinto a donde se llevaba a cabo la diligencia, básica policial, de identificación.

El día 23 de marzo del 2008 un agente del C.N.P. que patrullaba en unión de otro compañero, recibió, durante la madrugada, un disparo a corta distancia. Todo ocurrió durante la identificación de dos sospechosos. Los hechos se produjeron en un barrio marginal de la ciudad de Benidorm, (Alicante).

El agente herido recibió un disparo en el pecho, provocándole gravísimas heridas. Los autores de los disparos no fueron ni heridos ni detenidos. Los agentes no fueron capaces de hacer un acertado uso de sus armas.

Otra vez la constante. Suena a pesado, lo sé, pero hay que repetirlo e insistir. Con ello espero que la gente se mentalice y se conciencie sobre la realidad del enfrentamiento.

Nuevamente, se produce un letal ataque a distancia de: “¡Hola, documentación por favor¡”. Para este y para otros casos, yo diría que para todos, el acondicionamiento mental, la funda adecuada, el entrenamiento en tiro y el entrenamiento de desenfunde/enfunde, más el uso de cartucho en recámara: hubieran ayudado a repeler el ataque, quizás incluso se hubiera alcanzado al delincuente mientras dirigía el arma contra el agente, y antes de que este disparara.

Por favor, entrenen de modo realista. Piensen en estos casos que están leyendo, muchas de las circunstancias están presentes en casi todos los enfrentamientos. Entrenen en base a sus conclusiones.

El 12 de agosto de 2008, en Setenil (Cádiz), un agente de la Guardia Civil de la USECI de Cádiz, resultó herido en el rostro por heridas de arma fuego, concretamente, por una escopeta de caza.
Los hechos se produjeron de madrugada en un Dispositivo Estático de Control al tráfico rodado. El dispositivo policial tenía por misión principal, la localización de una banda de atracadores que días antes, en la misma zona geográfica, había asesinado a una mujer y herido a un varón, en ambos casos con motivo de sendos robos y siempre usando una escopeta de caza.

En el instante en el que los agentes dieron el ALTO al vehículo, uno de los cuatro ocupantes del turismo, asomó una escopeta por una ventanilla y sin reparo alguno abrió fuego contra los agentes.

Días más tarde, concretamente el 25 de agosto, agentes del mismo cuerpo y unidad, volvieron a tener una refriega en la misma zona y con la misma banda de delincuentes. Tras el primer incidente, la GC y en CNP se unieron para las investigaciones, llegando, con la unión de informaciones, a identificar a los delincuentes. Una vez identificados, fueron sigilosamente seguidos y vigilados, por ello, fue más fácil, esta vez, establecer un Dispositivo de Control para “cazarlos”

En este segundo Control, los malhechores volvieron a abrir fuego contra los agentes. Un agente resultó gravemente herido por atropello, pero NO por arma. Los delincuentes huyeron a pie por la autovía mientras abrían fuego contra los agentes. Un vehículo que circulaba en el otro sentido, ajeno a lo que estaba pasando, arrolló a un agente de la GC que en ese momento cambiaba de carril y dirección, tras los huidos.

Los delincuentes eran cuatro, todos españoles y de etnia gitana. Uno resultó muerto en el acto como consecuencia del intercambio de disparos con los funcionarios. Otro resultó herido por los disparos, y otro solo presentó magulladuras y otras heridas leves, todas ellas producidas en su intento de fuga campo través. El cuarto atracador se entregó sin oponer resistencia alguna.

En este caso, todo salió bien, al menos en lo relativo a disparos. Ningún agente recibió impactos de los malhechores, aunque por desgracia otro agente resultó herido grave por accidente de tráfico.

El 31 octubre de 2008, en Sevilla, un Inspector Jefe del C.N.P. franco de servicio, fue herido de gravedad por el disparo de un atracador. El funcionario, que se encontraba en compañía de su esposa, advirtió la perpetración de un atraco con arma de fuego, en el mismo comercio en el que en ese instante, se encontraba como cliente. Como quiera que los Policías, estamos obligados a actuar, aún NO estando de servicio, éste funcionario, con acierto, valor y pericia, lo hizo.

El atraco lo estaban cometiendo dos personas, una fue la que entró en el establecimiento, mientras que el otro, con un vehículo, esperaba fuera. El Inspector Jefe al ver lo que estaba pasando a escasos metros de él, –distancia de brazo- y aún viendo una pistola en la mano del malhechor, se identificó como funcionario policial, llegando al forcejeo con el delincuente.

El resultado final fue que, el funcionario recibió un disparo del calibre 9mm Parabellum en su vientre, si bien fue dos veces disparado, no alcanzándolo uno de los proyectiles. El delincuente falleció al ser dos veces impactado por el revólver del calibre .38 Especial que el agente portaba consiguió. Según parece, el mando policial trató de detener, fuera del establecimiento y sintiéndose ya herido, al atracador que esperaba fuera y que tan pronto sonaron los disparos, huyó.

En este caso además de felicitarse por una acción con resultado final satisfactorio, cual es que, un agente sobrevive a un enfrentamiento, hay que aplaudir la siempre difícil y arriesga acción de actuar sin estar de servicio. Aprovecho este momento para felicitar públicamente al, ahora, Comisario D. Jesús Gómez Palacios.

El 28 de noviembre de 2008 en la ciudad alicantina de Petrer, se produjo un tiroteo entre los dos atracadores de una entidad bancaria y agentes de la P.L. y del C.N.P. Como resultado de la refriega, dos agentes del C.N.P. resultaron heridos por los disparos.

Uno de los agentes recibió tres impactos, de los cuales, uno impactó en la mandíbula. Los atracadores también recibieron varios disparos. Uno de los delincuentes acabó herido por dos impactos en el pecho y el otro falleció tras recibir siete impactos repartidos por distintas partes de su cuerpo. El atracador que recibió los siete impactos, aún herido en diversas zonas de su anatomía, seguía esgrimiendo su revólver en dirección a los agentes policiales.

En este caso, tristemente dos agentes fueron heridos, pero por suerte sobrevivieron. Afortunadamente, los atracadores fueron alcanzados por los disparos de los agentes. Destaca en este enfrentamiento la ineficacia de los proyectiles convencionales, toda vez que el sujeto que falleció, seguía disparando después de haber recibido numerosos impactos.

La munición empleada por los policías era del calibre 9 m/m Parabellum, estando montados los cartuchos con proyectiles semiblindados. Una vez más se demuestra que estos proyectiles no son los idóneos para transferir la máxima energía al cuerpo impactado. Menos apropiados son los blindados, que también son ampliamente usados en las FYCS de España, en espacial por la Guardia Civil.

También, en esta actuación policial, se acredita que los impactos en las piernas, como norma general, no pondrán fuera de “juego” al que los recibe. El atracador al que nos referimos recibió algunos impactos en las piernas.

El 13 de febrero de 2009, un agente de la Policía Municipal de Madrid resultó herido por arma blanca en una mano y por disparo de arma de fuego en un píe. En la misma actuación, un agente del CNP recibió una cuchillada en un hombro.

Las heridas de arma blanca de ambos agentes, la produjo un ciudadano de Ghana que se mostró agresivo y violento cuando era identificado; mientras que la herida de arma de fuego en el píe del Policía Municipal, la provocó un disparo del agente del CNP. Finalmente el ciudadano de Ghana fue detenido tras recibir un disparo en una pierna, aunque con el impacto en la extremidad, consiguió huir, a la carrera, varios cientos de metros del lugar de los hechos.

En esta actuación se pueden sacar varias conclusiones. La primera es que, nunca hay que subestimar el poder lesivo de un arma blanca, la cual a distancias cortas o muy cortas, suele provocar lesiones muy graves. Una persona no entrenada ni en manejo de armas ni en manejo de cuchillos, siempre será, por instinto, más eficaz y peligroso con el arma blanca.

Según parece, el disparo que el agente del CNP efectuó sobre el pie del agente local, se produjo cuando, a muy corta distancia, todos trataban de reducir, con las armas en las manos, al agresor. Posiblemente la nula o escasa formación en técnicas de tiro defensivo-reactivo a corta distancia, sea la responsable de este triste accidente.

El 21 de febrero de 2009, en Baracaldo, (Vizcaya) falleció una agente de la Ertzaintza, -Policía Autónoma Vasca-. El fallecimiento se produjo cuando el funcionario fue atropellado deliberadamente, en un Control de Alcoholemia. Tras producirse el arrollamiento, el agente quedó atrapado, sin defensa alguna, en los bajos del vehículo homicida, el cual era una furgoneta sustraída días antes.

Los ocupantes de la furgoneta eran dos personas, siendo un varón joven el conductor y una mujer, de similar edad, la acompañante. Además de conducir un vehículo sustraído, el conductor carecía del Permiso de Conducción.

Se produjo, por parte del resto del dispositivo, una persecución tras los delincuentes, los cuales huían con el funcionario policial atrapado bajo el vehículo. Tras 300 metros de persecución y varios disparos efectuados por los agentes perseguidores, el furgón detuvo la huída. Como consecuencia de los disparos, el conductor resulto herido en una pierna y en el tórax la mujer acompañante.

En esta ocasión la situación hostil no llegó con un arma de fuego, ni tan siquiera con un arma blanca; en este caso fue un arma más peligrosa, al menos por peso y tamaño: un coche, mejor dicho, una furgoneta. Aprovecho para sacar a colación, el tema de accidentes de tráfico. Son los incidentes o accidentes con vehículos, las causas, muchas veces delictivas, que más muertes producen en España, mucho más que por incidentes con armas de fuego.

Este caso, y en otros tantos similares, se demuestra que el “malo” atacará como pueda y con lo que pueda, por ello, no subestimen ninguna opción de ataque contra ustedes, todo es posible cuando un ser humano decide no dejarse detener.

El 4 de octubre de 2009, en Madrid, varias unidades del C.N.P. fueron comisionadas para verificar el comunicado de una llamada ciudadana que denunciaba que, en un parque se encontraban sujeto sospechoso de portar armas de fuego. Al parecer, una mujer, vecina del lugar, advirtió como un varón muy corpulento portaba armas cortas entre sus ropas.

Cuando los agentes se personaron en el lugar de los hechos, de inmediato detectaron a una persona que poseía las características físicas del sospechoso. Tan pronto los agentes se aproximaron al sujeto, éste, los recibió con el fuego de dos armas cortas que extrajo de los bolsillos del pantalón. El sujeto disparaba simultáneamente, o sea con un arma en cada mano.

Los funcionarios respondieron al fuego, consiguiendo alcanzar con sus disparos al corpulento hombre de 208 kilogramos de peso. El sujeto fue impactado del siguiente modo: 4 impactos en las extremidades inferiores, 1 impacto en el glúteo y otro impacto en el vientre. El hombre quedó herido y pudo ser detenido, siendo atendido, in situ, por los servicios médicos.

Las heridas no revistieron gravedad, pese a ser seis los impactos que recibió en el cuerpo, y además muy repartidas. Tras acabar la confrontación, se verificó que las armas que esgrimió y disparó el detenido, era de fogueo.

En este caso, los agentes respondieron al fuego y acertaron con un buen número de disparos. De todos modos, no podemos saber, por suerte, si en vez de ser de fogueo el arma del agresor, hubiera sido real, si hubiera alcanzado a algún agente.

Esta intervención demuestra que el que porta armas fuera de la Ley, acabará usándolas tarde o temprano. Quien ha decidido atacar y tiene los medios para ello, lo hará, siendo el resultado de su ataque eficaz o no en virtud de otros motivos.
Para acabar, quiero expresar mi reconocimiento a todos los agentes que protagonizaron los enfrentamientos usados, como ejemplos, en este artículo. Como cristiano creyente que soy, espero que los fallecidos estén donde yo se que están los buenos que se “marchan”. Al mismo tiempo, deseo que todos los que resultaron heridos, ya estén totalmente recuperados d sus lesiones. También quiero pensar que tanto los fallecidos como los heridos, recibieron el reconocimiento profesional y trato justo, que merecen. No olviden una cosa, les pasó a ellos por la sencilla y noble razón de que: todos ellos estaban ahí, cumpliendo con sagrado deber, y así y ahí, es donde pasan estas cosas. sunny


Todo lo anterior no es siempre entendido y reconocido por quienes se esconden detrás de una mesa y se sientan en cómodos sillones.



http://noticiasvigilantes.foroactivo.com/escoltas-f9/enfrentamientos-armados-made-in-spain-t1101.htm


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